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Nuestra historia
Desde finales del año
2002, ofrecemos servicios relacionados con la comunicación
médica y científica. Ideamos, dirigimos y
realizamos diferentes proyectos de comunicación científica.
Ya desde la adolescencia, cuando escribía para la
sección de ciencias del magacín del colegio,
tomé conciencia de la dificultad añadida ante
el intento de transformar en palabras las experiencias vividas
en el laboratorio. Sentía una necesidad visceral
de comunicar la ciencia: era una fascinación inexplicable.
Creces pensando que ciencias y letras son disciplinas irreconciliables;
al menos, así te lo hacen vivir desde pequeño.
A los 15 años, la pregunta clásica: «¿Ciencias
o Letras?». Y no entiendes por qué hay que
escoger. Las dos culturas, como ya definía CP
Snow en 1959. Según Snow, mientras los
científicos desconocen a Shakespeare, los literatos
ignoran la segunda ley de la termodinámica.
En las aulas de la Facultad de Medicina tomé conciencia
de otra realidad. En la más humana de las ciencias,
no recibimos formación explícita alguna que
nos prepare para poder informar con claridad a nuestros
pacientes sobre sus dolencias: en estas ocasiones, los médicos
solemos perdernos en un lenguaje incomprensible; y así,
escudados tras la terminología, nos percatamos de
que no sabemos cómo curar el desconocimiento.
Hay un vivo debate entre dos puntos de vista: ¿es
a los científicos a quienes hay que formar para que
sean capaces de transmitir sus conocimientos, o bien es
a los periodistas y/o comunicadores a quienes hay que formar
para que entiendan la ciencia y su contexto? Dicho debate
ha suscitado, y suscita todavía, largas y reiteradas
discusiones sobre dónde termina la divulgación
y dónde empieza el periodismo científico.
No creo tener la respuesta al dilema, pero sí quiero
contribuir a acortar distancias entre los que entienden
la ciencia y los que saben cómo explicar las cosas.
Y es así, dentro de esta fisura entre la ciencia,
la cultura científica y las palabras para comunicar
estos hechos, dentro del abismo entre las dos culturas,
como me introduje en el mundo de la comunicación
científica. Es, pues, por este motivo que he convertido
mi especialidad, la tarea diaria, en una contribución
a vencer el desconocimiento, poniendo mi formación
científica y médica al servicio del conocimiento
y de cómo comunicarlo, al servicio de todos. Y con
el único objetivo de contribuir a una cultura común:
la cultura del conocimiento y del futuro.
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