Presentación

Existe un importante desequilibrio entre las necesidades culturales de la población, derivadas de un desarrollo científico y tecnológico constante, y la educación científica del ciudadano medio. Se constata, asimismo, un interés creciente por el conocimiento del entorno natural, de los avances científicos y tecnológicos, así como por el conocimiento sobre temas relacionados con la salud. El siglo XXI es el siglo de la biomedicina, de los cambios y los avances rápidos, de la subespecialización, de las nuevas tecnologías... y la educación recibida a lo largo de la enseñanza obligatoria resulta muy a menudo insuficiente para los ciudadanos.

La divulgación y la popularización de la ciencia son imprescindibles para buscar mejores respuestas porque significan unas mayores posibilidades individuales y colectivas para salir de la pobreza y también porque nos ayudan a tomar conciencia de los posibles riesgos derivados del uso de la tecnología. La divulgación científica es importante para la democratización de la sociedad y para la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que determinarán su futuro: una sociedad más culta científicamente será también más libre, responsable y competente (manifiesto de La Coruña de 21 de marzo de 1997).

El año 2004 entró en vigor el Programa Nacional de difusión de la Cultura Científica, buen ejemplo del protagonismo que la cultura y el conocimiento científicos empiezan a tomar en las agendas políticas. Este programa es la respuesta a una preocupación creciente ante el desequilibrio entre las necesidades culturales y la educación científica, una preocupación que rebasa nuestras fronteras. Del mismo modo, se están creando iniciativas similares de ámbito local como, por ejemplo, el Comisionado de la Alcaldía para la difusión y promoción de la cultura científica en Barcelona.

Actualmente, la transformación que sufren las áreas relativas a la salud y a las ciencias en general, la especialización tecnológica y su complejidad, la transformación de la transferencia del conocimiento, la creciente demanda social, etc. han hecho imprescindibles un mayor rigor científico y una especialización en la comunicación de las ciencias. Debemos tomar conciencia del papel de los medios de comunicación en todo este proceso, asumir su papel formativo además del puramente informativo, y reconocer que muy frecuentemente es la única fuente de información y de conocimiento que recibe buena parte de la población a partir de un momento dado de su vida. Ahora más que nunca hay que garantizar el rigor científico en estos medios de comunicación pues, se han convertido en un vehículo fundamental para la creación de opinión pública. Paralelamente a ello, la velocidad, la universalidad del acceso a la información y la falta de filtros en dicha información a través de las diferentes tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s), hace ineludible reflexionar sobre cómo hay que asumir esta velocidad y estos cambios. Lamentablemente, más información no es sinónimo de un mayor conocimiento.